Crisis diplomática con Bolivia

Crisis diplomática con Bolivia

Por: René Sánchez Juárez 

Después del golpe de Estado que se llevó a cabo en Bolivia al expresidente Evo Morales por parte de los militares y la oposición, las relaciones con el país andino se han vuelto cada vez más tensas, que incluso terminarán en las cortes internacionales.

 

La breve estancia en la que estuvo en nuestro país Evo Morales significó para la oposición boliviana una afrenta ya que, para ellos, el expresidente tendría que haber sido juzgado por crímenes de lesa humanidad y por lo tanto no haber sido asilado por nuestro país.

 

Asimismo, la Embajada de México en Bolivia días después del golpe de Estado aprobó el asilo político a un gobernador, ministros, viceministros y un director del gobierno de Morales, lo que el gobierno interino de Jeanine Áñez ha calificado como ilegal y solicita que entreguen a los exfuncionarios para acusarlos en los tribunales, hecho que no va a ser consentido por la delegación mexicana.

 

Lo anterior ha llevado a que se aumente la vigilancia por parte del gobierno boliviano a la embajada mexicana, a través de civiles, policía e incluso drones, hecho que ha sido denunciado públicamente por el cuerpo diplomático mexicano.

 

Pero no sólo eso, sino también el expresidente Tuto Quiroga se deshizo en una serie de descalificativos en contra del presidente López Obrador por su actuar, llamándolo “matoncito”, protector de dictadores, que es sumiso frente a Trump, Castro y Maduro. Sin embargo, sus vituperios no tuvieron mayor eco, ya que el mismo presidente no se detuvo mucho para aclarar que él no se iba a meter en dimes y diretes y que Tuto no estaba al nivel, lo que se interpreta como el funcionario del gobierno golpista no es ya un Jefe de Estado, ni requiere mayor importancia. 

 

Las reacciones en México fueron favorables al presidente, el canciller Marcelo Ebrard mencionó “ante los adjetivos e insultos a México y su Presidente, se imponen la unidad nacional y aquella serenidad que dan la conciencia tranquila y la solidez de la posición mexicana en defensa del derecho internacional y el respeto entre los pueblos” ante este llamado a unidad se sumó el presidente de la Suprema Corte de Justicia, que con toda autonomía del poder judicial mencionó “cuando se ataca e insulta al jefe del Estado Mexicano, todas y todos los mexicanos debemos estar unidos. Hacia el exterior no hay división que valga. Mi solidaridad personal con el presidente”.

 

El último incidente fue cuando la encargada de negocios de España en Bolivia y el cónsul visitaron la embajada mexicana para tratar asuntos propios, cuando al término de la reunión los automóviles de la delegación española habían sido detenidos por militares incluso con placas diplomáticas lo que representaría una violación a la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas. 

 

El gobierno boliviano argumenta que los propios vecinos fueron quienes alertaron que vehículos cercanos a la embajada se encontraban hombres encapuchados fuertemente armados. 

 

La crisis de la embajada de México en Bolivia por el asilo a nueve colaboradores cercanos a Evo Morales no tiene para cuando terminar. SI bien la doctrina Estrada dicta la no intervención en asuntos de otros países, la tradición de asilo político a perseguidos de regímenes golpistas es también parte de ella. 

 

Por ahora esperemos que pronto el gobierno de facto convoque a las nuevas elecciones y que sean los bolivianos quienes manifiesten sus intenciones de cómo quieren ser gobernados y por quién y con ello la crisis con el país hermano concluya. 

 

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