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Alerta investigador por 500 nuevas drogas psicoactivas al año

 

Cada año, en el mundo, aparecen alrededor de 500 nuevas drogas psicoactivas, sustancias, como la metilendioxipirovalerona (MDPV), produce agresividad extrema y el consumo por adolescentes favorece la adicción a la cocaína en la edad adulta, explicó Raúl López-Arnau, doctor en Neurofarmacología por la Universidad de Barcelona.

En su visita a la Universidad Ibero, donde impartió la conferencia 'Nuevas drogas psicoactivas', destacó que el surgimiento se debe a varios factores, por ejemplo, su fácil comercialización como sustancias legales en el mercado, ya que se venden como sales para baño, abono para plantas, productos para la investigación o vigorizantes; además, pueden ser adquiridas por cualquier persona en las smart shop, incluso en gasolinerías.

Otra razón es el aumento en las incautaciones clásicas de estupefacientes como la cocaína, el éxtasis y las anfetaminas; a esto se agrega la disminución en la pureza de estas sustancias, por lo cual los consumidores buscan otras opciones. Además, los precios de las drogas de diseño son extremadamente bajos, pues van desde 10 o 15 dólares el gramo, contra los 100 dólares que cuesta la misma cantidad de cocaína.

Agregó que internet juega un papel importante en la venta pues se ha creado un nuevo mercado y su distribución es más rápida. Por esta razón, los adolescentes son más vulnerables por tener menor poder adquisitivo y navegar largos periodos por la Red.

El especialista en el estudio de las bases neurofarmacológicas de los derivados anfetamínicos y psicoestimulantes señaló que esta situación ha ocasionado que, en 2016, cerca de 275 millones de personas consumieran, como mínimo, alguna vez alguna sustancia ilegal. Esto equivale a 5.6 por ciento de la población mundial de entre 15 y 64 años. Mientras que en países desarrollados el consumo puede dispararse hasta 20 por ciento.

Aunque esta situación se presenta a nivel mundial, el problema se centra en Estados Unidos y en Europa, en donde hay mucha más dificultad para conseguir drogas clásicas, como la cocaína o la heroína, porque se deben traficar por Latinoamérica.

Respecto a México, López-Arnau dijo no tener datos respecto al consumo de estas drogas psicoactivas, quizá porque en el país son más accesible las drogas clásicas como la marihuana o la cocaína. Ésta es una de las razones por las que en nuestro continente no se tiene registro de su consumo, en cambio, en EU el consumo es extremadamente elevado.

Las drogas psicoactivas se clasifican en opioides sintéticos, con un consumo del 4 por ciento, los cannabinales sintéticos, 32 por ciento,  sedantes hipnóticos, 16 por ciento,  alucinógenos clásicos, 16 por ciento, y las estimulantes, 36 por ciento. El grupo mayoritario en número de sustancias que más se consumen son las fenetilaminas, catinonas sintéticas, triptaminas, piperazinas y aminoindanos.

De acuerdo con López-Arnau, las catinonas sintéticas forman el grupo de sustancias que más se ingieren, pues representan el 38 o 40% de las drogas nuevas que más se usan. Estas provienen de la catinona, un producto natural que deriva de una planta que crece en África, en donde es muy común su consumo. En esta región del mundo se usa para disminuir el apetito.

Así es como empezó a surgir una serie de sustancias sintéticas, entre ellas, la MDPV, que se comercializaba en Estados Unidos como sales de baño. Es conocida mundialmente como droga caníbal o droga zombie porque produce agresividad extrema.

“Actúa como un potente transportador de dopamina. Es entre 10 y 30 veces más potente que la propia cocaína. Esta potencia lleva a un poder adictivo extremadamente elevado, mucho más grande que la cocaína y más que la propia metanfetamina. La probabilidad de sobre dosis con esta sustancia es elevada”, señaló el investigador.

López-Arnau advirtió que las consecuencias a corto plazo por el uso de estas drogas es la intoxicación aguda, así como el síndrome serotoninérgico. A largo plazo, estas nuevas sustancias tienen un poder neurotóxico elevado que producen adicción.

El investigador y su equipo, quienes han estudiado estas nuevas sustancias desde hace seis años, proponen la prevención como primera herramienta. Sin embargo, el problema es que si se desconoce cómo funciona, no se puede combatir. Por esta razón, trabajan en conocer, prevenir, informar y dar herramientas a las autoridades para alertar sobre los daños que puedan causar.

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